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viernes, 16 de abril de 2010

Inteligencia emocional (4ta. parte)


Continuamos comentando el libro: "Inteligencia Emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones" de los autores Robert Cooper y Ayman Sawaf; en este post hablamos sobre el tercer pilar:
  • Conocimiento emocional.
  • Aptitud emocional.
  • Profundidad emocional.
  • Alquimia emocional.
La profundidad emocional tiene como fin primordial el hacer que las organizaciones y quienes las componen compartan un propósito, pero para ello -plantean los autores- se debe comenzar por descubrir el potencial único de cada persona; las empresas hoy en día tratan de corregir lo que anda mal y dejan que las capacidades de la gente se encargue de ello; pero lo que usualmente olvidan es que el éxito no es lo contrario del fracaso y para muestra de ello una anécdota:

El compositor Michael Hoppé mostró desde niño una marcada inclinación por la música, sus padres se burlaban de él llamándolo "el soñador" y le decían que los artistas eran irresponsables, ególatras y que lo que debía hacer era dedicarse a los negocios. El les obedeció y llegó a ser un alto ejecutivo en PolyGram, una de las mayores disqueras del mundo; sin embargo, él seguía componiendo secretamente su propia música.

Un importante productor cinematográfico le pidió que le llevara una muestras de lo que su compañía podía ofrecerle, Hoppé grabó una cinta de sus artistas y estuvo largo tiempo escuchándola junto al productor, que rechazaba artista tras artista; en eso la cinta llegaba al final y se oyó un trozo de una composición del propio Hoppé que por equivocación había grabado la música de los otros artistas sobre una cinta donde tenía alguna de sus propias composiciones. Quizo parar la grabadora pero el productor exclamó "¡Este sí, éste es el que queremos!", el resto es historia: sus composiciones han ganado 15 discos de oro y platino, varias de sus composiciones han sido incluidas como música para las bandas sonoras de películas de Hollywood y que han llegado a ser nominadas para el Oscar de la academia.

Una vez descubierto el potencial único y el propósito de vida, es natural que se establezca un compromiso hacia lo que se quiere, asumirlo con valor y responsabilidad, manejando la resistencia natural al cambio. Tal compromiso debe ser conducido con una integridad aplicada en la que exista una integración entre el lado sombrío y oculto de nuestra naturaleza con el aspecto luminoso y generativo.

Por último, los autores invitan a los gerentes a ejercer la influencia sin autoridad y para ello recomiendan:
  1. Reconocer y respetar la distancia emocional: "no es posible resolver los problemas de su empresa y de los demás, si usted no se ocupa de los suyos", dice el libro. Póngase un impermeable emocional para que estados depresivos de jefes, colegas ó colaboradores no le contaminen.
  2. Hablar por experiencia propia, sin sermonear ni aconsejar: Casi todos nos resentimos con los consejos o los rechazamos, pero apreciamos la oportunidad de aprender de experiencias ajenas.
  3. Si el zapato le viene, póngaselo; si no, deséchelo: Las subidas de tono suelen incluir fuertes críticas, casi siempre no pertinentes. Si usted deja pasar palabras hirientes o irritantes a su interior, se tortura a sí mismo innecesariamente. Pruebe con "Comprendo que él/ella está irritado; pero no voy a olvidar sus muchas cualidades espléndidas". La idea es convencerse que el estado de ánimo de la otra persona, probablemente no tiene nada que ver con uno.
  4. No deje que un problema se agrande en nombre de la "honestidad emocional": Trate de usar el humor para aliviar la tensión, evite hacer afirmaciones que culpan a una persona, la hacen sentir mal ó la tache de incompetente; y no amenace con que se va a retirar.
  5. Continúe renovándose: Cuando la persona crea elasticidad emocional mediante la renovación, ésta ayuda a inmunizarlo contra los aspectos perjudiciales del contagio emocional y le permite ejercer influencia sobre los demás sin necesidad de autoridad, rango o coerción.

Uno puede comprar el tiempo del empleado; puede comprar su presencia física en un lugar determinado; hasta se le puede comprar cierto número de movimientos musculares por hora. Pero su entusiasmo no se puede comprar... su lealtad no se puede comprar... la devoción de su corazón no se puede comprar. Estas cosas hay que ganárselas, Clarence Francis.
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