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jueves, 30 de julio de 2009

Ética y Poder


Según la enciclopedia Wikipedia, la ética (del griego ethos que significa "costumbre") es la ciencia que estudia la moral y la acción humana, Fernando Savater en su libro Ética para Amador nos aclara: "...los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida..." y al hacer esto: "...podemos equivocarnos...De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita ACERTAR" y finaliza: "...a ese arte de vivir es a lo que llaman Ética".

El Poder según la definición del DRAE es: "la facultad o potencia de hacer algo" y Wikipedia completa diciendo: "capacidad para cambiar una realidad", visto desde el punto de vista organizacional, el poder es la facultad delegada a los jefes de hacer cumplir las normas y procedimientos creadas para el éxito de una empresa.


Éstas dos definiciones son necesarias para entender una frase que escuchamos alguna vez: "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" y hay que reparar en ella cuando afrontamos el día a día; podríamos ahondar más y decir que la toma de decisiones están enmarcadas por tres conceptos: Órdenes, costumbres y caprichos. La libertad de escoger una u otra la tiene cualquier gerente de la organización por el hecho de haber sido "empoderado" y es aquí donde queremos hacer la reflexión.

Hay ciertos derechos que se adquieren con el poder, pero éstos tienen que ser tamizados por el comportar ético-organizacional y no podría haber mejor ejercicio para esto que revisando las acciones contra el espejo de lo que llamamos: "ponerse en su lugar".

Si tenemos alguna decisión que tomar con respecto a algo que nos urge podríamos colocarnos en el lugar de los fundadores de la empresa y que nuestra actuación se parezca lo más posible a lo que habrían ellos de decidir en las mismas circunstancias  otro ejemplo: si algún colaborador se le presenta algún evento infortunado que se salga de lo que la compañía esperaría de él, podríamos tomar su lugar para saber como nos sentiríamos nosotros con la forma en que le reclamamos el hecho.

La pregunta obligatoria sería: ¿estaría dejando de ser yo? y la respuesta es que en la ÉTICA podemos refugiarnos para respaldar nuestro accionar y estar alineados con el fin que mueve a nuestra organización

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