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lunes, 29 de junio de 2009

Motivación


Hoy comenzamos una serie de cuatro entregas sobre la motivación, tema con el que nos toca lidiar como seres humanos y líderes.
Desde que el hombre empezó a organizarse en sociedad -incluso antes de ello- debió hacer caso a su yo interno que le empujaba a conectarse con otros; ésta prioridad llenaba apenas el tercer escalón de la pirámide de Maslow (ilustración que encabeza este post), la cual nos indica la jerarquía de las necesidades del ser humano. Los dos peldaños más bajos los excluiremos por influir poco en lo laboral.
La motivación en cada una de las personas tiene origen en las necesidades; sean éstas sociales, de ego ó auto-realización, cada una determina la energía con la que afrontamos las actividades diarias y cada una establece el comportamiento en función de las metas y los logros.
¿Qué hace a las personas estar motivadas ó no?, millones de páginas se han escrito al respecto, pero donde parace haber un consenso es que la pasión, la esperanza y la convicción de pertenencia generan una fuerza indestructible en cada uno de nosotros.
En el peldaño de las necesidades sociales podemos encontrar aquello que nos impulsa a sentirnos aceptados por el entorno en que nos movemos, son cuestiones materiales que nos igualan con la clase social deseada y posiciones intangibles que tomamos ante lo generalmente aceptado.
En el marco de lo social, la motivación en el entorno laboral es buscada generalmente a través de incentivos monetarios, éstos permiten adquirir objetos, saldar deudas, ahorrar para un viaje, etc.
No nos corresponde hacer juicio sobre la efectividad de lo monetario en el logro de objetivos, pero los especialistas creen que los resultados de éste tipo de factor motivacional están ligados únicamente a lo momentáneo y asegurar la permanencia de una actitud a través del dinero, dejaría sin desarrollar los otros escalones de la pirámide tan necesarios para el equilibrio mental.

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